Doga o el yoga con perros: expectativa vs realidad

Tienes un perro y haces yoga. Se cumplen absolutamente todos los requisitos para que puedas hacerte una foto con él y ser la más molona de Instagram.

Sin embargo, no lo eres.

Lo has intentado mil veces. Has creado el escenario perfecto: esterilla pulcra, impecable, a juego con las cortinas. Has comprado un planta para que quede más bonita la habitación, has elegido la hora perfecta para que haya más luz. Has sacado antes al perro para que esté más relajado, más zen y menos follonero. Te has vestido con tus mejores galas yóguicas. Has hablado con él y le has propuesto que practiquéis juntos. Parece emocionado.

Os ponéis a ello y tu perrete ya está dando saltos alrededor de tu esterilla. Pero ni siquiera has terminado de colocarte correctamente en tu primer adho mukha del día que ya lo tienes ahí golismeando tu muladhara chakra.

Tengas la cámara en on o en off, practiques para tus seguidores (please, don’t) o para ti, este perro no se entera: “¡se supone que tienes que hacer lo mismo que yo, no meterte en los lugares más recónditos y sagrados de mi ser! ¿No podrías ser como los perros de Instagram?”

Puede que no se lo hayas dicho en voz alta, pero todos sabemos que los perros saben leer nuestras emociones de alguna manera. ¡Pobre criaturica!

Pretender que tu mascota sea como los de Instagram es como intentar ser tú como sus dueños: un fraude. Son de mentira o requieren paciencia, tiempo y dinero en adiestradores, equipos técnicos y muchas intentonas. ¿Para qué? ¿Para impresionar a los demás? ¿Es eso lo que pretendes de tu práctica de yoga?

Recuerda que practicar yoga (en serio) debe hacerse a solas. Pero si algún día te apetece una práctica más casual, deja que tu mascota ande merodeando por ahí… pero no pretendas que sea perfecto, deja que siga siendo él y disfruta de su compañía.

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Om shanti shanti requeteshanti
Julia

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12 comentarios en “Doga o el yoga con perros: expectativa vs realidad

  1. Haciendo Sirsasana en la pared y mi perro chupándome toda la cara, ojos incluidos jajajajajaja y yo sin poder defenderme…déjame por favor jajajajaja

  2. Muy bueno y acertado como todos tus post. En mi caso no tengo problema con mi perrita Caty. Es una perrita educada y respeta mi espacio. El problema son los gatos. Se empeñan en cotillear porque me retuerzo en posturas inquietantes (para ellos) y si cierro la puerta la destrozan arañandola porque para ellos no existe ni la intimidad ni la privacidad. Angelitos mios, me hacen reir y les perdono todo. Un abrazo. Namaste

  3. A Lola lo de las puertas cerradas no va con ella, si la cierro 15 veces, ella la abre 16 ! Además, verme en el suelo no significa otra cosa q… JUEGO!!!!! y empieza a buscarme la cara, a darme mordisquitos y a llorar si no le sigo el rollo…. Para qué iba a estar en el suelo si no????? Ella es mi mejor yoga, cualquier práctica puede esperar.

  4. Yo no tengo problema. Cuando me pongo en la esterilla, mi perro se acerca, pero para dormir a un ladito. Solamente un par de veces se me ha tumbado en la esterilla… Se ve que le relaja jajajaja

  5. Mi perro pasa toda la sesión durmiendo. Y cuando me pongo en savasana me lame los pies, las manos, la cara, jajajaja y no paro de reir de las cosquillas.

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