Ashtanga Yoga
El otro día una alumna de la escuela online me escribió diciéndome que le había costado mucho tomar la decisión de probar Ashtanga yoga.
Y no sabes lo que me removió su mensaje… porque yo también fui esa alumna.
La que miraba una clase de Ashtanga con un poco de respeto… y otro poco de miedo escénico.
Corría el año 2015 cuando empecé a practicar Ashtanga con uno de mis primeros profes.
Nos llevábamos genial, charlábamos antes y después de clase como dos colegas yoguis iluminados, pero… ¡ay amiga! Durante la clase se transformaba.
Se ponía serio, proyectaba esa imagen de autoridad pura, de tradición rígida, de “esto se hace así porque se ha hecho siempre así”.
Y claro, yo sentía que tenía que encajar en ese molde de ashtangui perfecta de Instagram.
¿Adivinas qué pasó?
Que no encajaba. Me intimidaba tanto la rigidez del método (y de la actitud) que, aunque amaba el dinamismo de la práctica, dejé de ir.
Y estuve mucho tiempo sin pisar una clase de Ashtanga.
Pero el universo, que es más sabio que cualquier swami, me puso frente a dos profesoras maravillosas. Dulces. Modernas.
Con una mirada amable y fiel a la tradición, pero con la cabeza abierta:
El yoga se adapta al cuerpo, no el cuerpo al yoga.Y entonces volví a enamorarme de la práctica.
No por lo exigente que es, sino porque puede ser poderosa sin ser agresiva, intensa sin ser impositiva.Y pensé: ¿por qué no compartir esta forma de vivir el Ashtanga con mis alumnos online?
- Ashtanga yoga ha llegado también a la escuela online de Yoguineando. Con el mismo enfoque: flexible, respetuoso y amoroso, para que puedas probar esta tradición sin sentirte fuera de lugar ni tener que hacer el pino en llamas.
Si te pica la curiosidad, aquí tienes una práctica perfecta para empezar hoy mismo
Om shanti shanti requeteshanti
Julia
El problema no es que Ashtanga sea duro.Es que a veces lo intentamos hacer duro con nosotras mismas.Dale una oportunidad desde el cariño.
Puede que, como me pasó a mí, te acabe encantando

