Un yoga para cada estado de ánimo

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¿Esta tarde tienes una clase de yoga restaurativo pero hoy te apetece desfogar? Haz una de rocket y verás lo que es bueno. ¿Tienes una clase de ashtanga pero quieres dejarte de chaturangas y trabajar la mente a otro nivel? Medita o métete a una clase de yin.
Pocas disciplinas pueden presumir de tener tan variada gama de estilos. En yoga tienes tantas formas distintas de practicar que la oferta resulta casi abrumadora. Hatha, ashtanga, vinyasa flow, kundalini, nidra, bikram, dharma, yin, restaurativo y un largo etcétera. Por no mencionar los novedosos y aberrantes nuevos estilos en los que se intenta alcanzar la conexión cuerpo y mente mientras se bebe cerveza o se juega con cabras. Al margen de la legitimidad de estos estilos nuevos, es importante resaltar que una de las ventajas de que exista un yoga para cada gusto es que no tenemos que aferrarnos a un estilo solo, sino que podemos elegir y practicar según nuestro humor y nuestras circunstancias.

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4 claves para decidir si hacer esa formación en yoga

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En un mundo informatizado donde todos, incluso los yoguis, saben más de marketing que de yoga, son muchos los estímulos en forma de impresionantes fotografías de yoga que ofrecen formaciones la mar de atractivas. Sus precios suelen resultarnos descomunales o caros tirando a no-sé-qué-riñón-dar-si-el-derecho-o-el-izquierdo. Por eso decidir si lo hacemos o no cuesta más de un dolor de Ajna chakra.

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Por qué respirar como Darth Vader

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La respiración juega un papel vital en nuestras vidas. No sólo porque sin ella no podríamos seguir viviendo pasados unos pocos minutos, sino también porque incluso aunque respiremos, muchas veces no lo hacemos correctamente. El yoga pone un énfasis particular en este asunto. De hecho, el pranayama (o técnicas de respiración) es una de las ocho ramas del yoga.

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Yoguineando, aprendiendo a ser principiante en yoga

Todos hemos sido principiantes en algo alguna vez. Conocemos esas primeras sensaciones de cosquilleo en el estómago al empezar algo nuevo que crees que te puede gustar. Esa inyección de motivación pero también las etapas siguientes de estancamiento y abatimiento al no cumplir con las expectativas que nosotros mismos nos imponemos. El yoga, a pesar de su esencia puramente anticompetitiva, también nos hace pasar por cada una de estas etapas.

Cuando te hablan del yoga sin haberlo probado, despierta tu curiosidad, te preguntas si llegará a engancharte o será una de esas cosas que están de moda y que acabas dejando… Con entusiasmo e ilusión comienzas a practicar permitiéndote errores y meteduras de pata porque, al fin y al cabo, eres principiante. Y esa seguridad al permitirnos hacer las cosas mal al principio son las que nos hacen brillar y sobrepasar nuestras expectativas, pero lo disfrazamos de “suerte del principiante”. Es entonces cuando empezamos a tomárnoslo en serio, porque ya nos hemos enganchado, ya nos hemos convencido de que podemos ser buenos en algo. Este es el momento en el que deja de ser divertido. La autoexigencia sube y con ello las posibilidades de fracasar con nosotros mismos. Entonces oleadas de sentimientos negativos acuden a nuestra cabeza al mínimo tropiezo: inseguridad “no eres tan bueno como creías”, frustración “con lo bien que ibas…”, tristeza “esto no es lo tuyo”, miedo “nunca serás bueno en nada…”.

En el tiempo que llevo trabajando en el yoga, me he encontrado con todo tipo de principiantes. Aquellos que aceptan como verdadero cualquier palabra que diga el profesor, aquellos que dudan de todo, que no se enteran de nada y no vuelven nunca más. De todos estos, los primeros llegan a la recepción casi disculpándose por venir, “perdona, nunca he probado yoga, ¿crees que puedo hacer esta clase o será muy difícil?” “habrá más hombres a parte de mí, ¿no?” “¿el resto de estudiantes son más jóvenes que yo?”. Los escépticos, por su parte, se aferran al mito de que el yoga es gimnasia para mayores y se meten directamente a una clase avanzada de yoga dinámico y salen escaldados diciendo “¿pero el yoga no era sólo meditación y relajación?”.

Si consigues superar esta etapa, encontrarás un momento de paz al descubrir que realmente has progresado, quizá no tanto como esperabas, pero te has dado cuenta de que estás aprendiendo. Entonces comienza el verdadero camino. Ese camino donde te estarás comparando constantemente con los demás. De esas comparaciones saldrás muchas veces mal parado y, otras recibirás una inyección de autoestima suficientemente grande como para darte un empujón.

A veces no vamos a clase de yoga por no enfrentarnos a nosotros mismos y nuestras limitaciones. Sé valiente, déjate el ego fuera y entra a clase.

Pero ambas situaciones no son siempre justas, ya que somos nosotros los que juzgamos nuestra práctica y seguimos siendo principiantes. O peor aún, dejamos que los demás determinen si somos o no verdaderos yoguis.

No olvidemos que en yoga no tenemos que ser “buenos”, simplemente hay que practicar. Tú pones tus límites y tú decides cuándo llevar tu práctica al siguiente nivel. El objetivo del yoga no es estirarse como un chicle o conseguir levantar a tu tío Antonio de 150 kg para demostrar a la familia lo fuerte que estás. La meta del yoga es ser mejor persona y tener una convivencia feliz contigo mismo y con el resto del mundo.

La mala noticia en yoga, es que serás eternamente estudiante y por mucho tiempo principiante. La buena noticia es que no estás solo.

En Yoguineando pretendemos acompañarte en tu camino de principiante con viñetas de humor. Nuestro objetivo no es sólo el de inspirar sino también el de apoyar al yogui relativizando, ironizando y parodiando el yoga con el fin de que el practicante se identifique con los sentimientos positivos y negativos que conlleva esta disciplina.

Artículo publicado en la revista Proyecto Khalo escrito por Julia Arteaga (Yoguineando).

¿Te gusaría aprender las posturas básicas y tener una autopráctica estable y segura en casa? ¡Hazte con el Manual de Iniciación al Yoga Dinámico! Comprenderás de una vez por todas todo lo que practicas en clase y podrás tener una práctica completa en casa, sabiendo por dónde empezar, cómo seguir y cómo terminar. ¡Pasa ya al siguiente nivel yóguico!

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