Qué tienes que saber para clavar hanumasana o la postura del mono divino

Efectivamente la postura del mono divino se llama así por algo. Y es que, dejando atrás la historia yóguica de Hanuman y toa la pejca, en realidad tiene más sentido que el nombre venga de cuando toda niña, de pequeña, con las amigas, hacía el mono y comprobaba cuál de todas era capaz de abrirse de piernas. Aquellas pocas afortunadas que lo conseguían sí que eran divinas (y no Hanuman). Las que estábamos aún a 3 metros sobre el cielo (y no por amor precisamente) no quedábamos relegadas a ser las rígidas. Esas niñas raras que, “si a su edad no pueden hacer un split, espagat o como quieras llamarlo, no van a tener la flexibilidad necesaria después…” oías decir.

Creo que toda niña ha tratado de hacer esta postura sin saber si formaba parte de la gimnasia rítmica, artística, del yoga o de vete tú a saber qué. Simplemente lo hacíamos por jugar y porque ser flexible molaba. Las que éramos palos solo nos quedaba admirar en silencio a las que eran más elásticas y éstas, a su vez, también sentían celos de las que aún estaban más rotas que ellas. Y es que siempre va a haber alguien más flexible, más fuerte y más guapo que tú. Y no pasa nada. Pero entonces los adultos de la época sólo sabían darte ánimos diciendo “practica tu flexibilidad y serás mejor que él/ella” o peor “eso es genética, no puedes hacer nada”.

Por lo tanto, ante estas bellas experiencias que traumatizan los tiernos cerebros infantiles no es de extrañar que cuando llegas a una clase de yoga repleta de adultos, cuando propones hacer hanumasana o la postura del mono divino, a la gran mayoría le salga su niño frustrado interior y comiencen a tirar de sus piernas y empujar hacia el suelo como locos. Las gotas de sudor en las frentes empiezan a brotar, la gente se pone roja, los ceños se fruncen al borde de la contractura, del silencio surgen los gruñidos y bufidos más desgarradores…

De aquellos que en su día clavaban la postura, unos pocos te miran decepcionados “ya no soy lo que era”, otros triunfantes “todavía molo”. De los que nunca les salió, algunos te miran desafiantes “esto lo tengo que conseguir”, otros implorantes “por favor, sácame de aquí”.

Y, así, por una posturita de nada, te encuentras a un montón de adultos volcando sus frustraciones infantiles sobre la esterilla apunto de partirse en dos. Un panorama la mar de alentador. Pocas telenovelas mexicanas evocan más el drama que hanumasana o la postura del mono divino.

Desgraciadamente, la culpa de todo esto no la tienen solo aquellas traumáticas experiencias en nuestra infancia. Instagram también influye negativamente sobre nuestro estado de ánimo y nuestra práctica de yoga, perpetuando modelos yóguicos erróneos. Y sino acuérdate del reto #disfrutayoguineando.

Yo he estado ahí. Hasta que me enseñaron que, en yoga, lo importante no es cuán lejos llegues en la postura ni cuán bella se vea desde fuera sino encontrar al menos un segundo de paz entre tanta incomodidad y emociones fuertes.

Así que con gusto me uní al grupo de los mansos Hanuman, que no son ni más ni menos que aquellos que aguantan la postura, en contacto con el suelo o a tres metros, estoicamente y con una sonrisa en la cara, concentrándose en su respiración y en disfrutar. Sin juzgar.

Si eres de los que está dispuesto a trabajar en su hanumasana sin fustigarse por su mala performance, aquí te dejo unos consejitos para preparar tu cuerpo serrano:

  • Calienta tus caderas y tus piernas en posturas de suelo como supta padangusthasana
  • Posturas como virabhadrasana I o una muy parecida como la de la zancada (high lunge) prepara no sólo la estabilidad y el arraigo con el suelo sino también la apertura de piernas manteniendo las caderas cerradas y niveladas
  • Algo parecido resulta de posturas como anjaneyasana o kapyasana que abren los flexores de cadera y rodillla de la pierna atrasada que da gusto
  • Para la pierna adelantada, sin embargo tienes ardha hanumasana sobre la que también te puedes quedar hasta que te sientas cómodo en hanumasana completa
  • Evita posturas como virabhadrasana II que son muy parecidas a posturas preparatorias pero también nos confunden. Recuerda que es muy importante que en hanumasana tus caderas permanezcan alineadas y nunca abiertas. ¿Por qué? Para evitar poner demasiada presión sobre la articulación sacroilíaca.
  • Ayúdate de posturas como virabhadrasana III para enraizarte y también ardha uttanasana y bhujangasana para avisar a tu tronco de que tiene que alargarse y trabajar en hanumasana

En definitiva, cuando realizamos hanumasana no solo estamos abriéndonos de piernas. No estamos únicamente estirando la parte posterior de nuestra pierna adelantada y la parte anterior de nuestra pierna atrasada. Sino que también nuestra espalda ha de estar fuerte y alargada, nuestro torso abierto en ligera extensión, nuestros hombros lejos de las orejas y nuestros brazos fuertes sujetando el peso de nuestro cuerpo que soportarán las piernas. Ese peso hará que el estiramiento sea más o menos intenso. Para ello te aconsejo usar unos bloques pesados y estables para colocar bajo tus manos justo debajo de tus hombros. De esta manera tu tronco se mantendrá largo y alineado y el peso sobre tus piernas controlado. Y si la rodilla de la pierna atrasada te duele horrores al mantenerla apoyada sobre el suelo usa un bloque, cojín, manta o las cómodas lorcillas de tu gato (no, no, ahimsa) para acomodarte.

Como siempre la respiración, fluida y consciente, es una regla sin excepción en cada postura que realices.

Si quieres aprender más sobre secuencias y posturas hazte con el Manual de Iniciación al Yoga Dinámico. Si por el contrario te preocupa cómo prevenir hacerte daño sobre la esterilla, tienes que tener el Manual Cómo Evitar Lesiones en Yoga. Y si te va más la historia, filosofía y conceptos del yoga y también quieres saber más sobre hanumasana, hazte con mi libro Yoga con humor de Larousse.

Om shanti shanti requeteshanti
Julia

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2 comentarios en “Qué tienes que saber para clavar hanumasana o la postura del mono divino

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