Profesor de yoga: 8 pasos para que te vaya requetebién

Aunque siempre hemos oído eso de que lo importante para tener éxito es ser uno mismo, no es suficiente para que tus alumnos disfruten de tus clases. Te aviso de que no existen fórmulas mágicas para ser un gran profesor, pero sí que creo que hay unas cuantas claves básicas para estar más cerca de tener éxito en tus clases.

Como resultado de un poco de investigación, de mi experiencia propia como alumna y un toque personal, aquí te presento una serie de características que he encontrado que los mejores profesores de yoga comparten, al menos los que a mí me han enganchado más.

  1. Gran afán por ayudar a los demás a crecer. Si tus clases se basan en un mero despliegue de posturas, acabarán por desmotivarse y fracasarás como profesor. Lo ideal es captar la esencia de tus alumnos, sobre todo aquellos que son más asiduos, saber qué buscan en su práctica de yoga, cuáles son sus puntos débiles, con qué disfrutan más y ayudarlos a mejorar. Que sean capaces de ver su propio progreso. Eso les hará sentir increíblemente bien y siempre querrán volver a tus clases. Uno de los mayores retos como profesora de yoga, en mi opinión, es darles nuevos desafíos a aquellos alumnos que llevan años contigo mientras sigues transmitiendo las bases del yoga a los nuevos.


  2. Mucho sudor en tu esterilla. La práctica individual del yoga a tus espaldas es fundamental. Es difícil enseñar algo que no has hecho previamente, así que es esencial que tengas una larga trayectoria practicando yoga de forma regular. Es normal que el primer año como profesor la descuides un poco porque son demasiadas cosas nuevas que atender, pero nunca debe de pasar una semana o 5 días sin practicar. Ser un buen profesor de yoga implica también haber pasado por crisis en tu práctica personal, saber como afrontar lesiones o momentos de estancamiento en el que el progreso parece no llegar nunca. Si hemos pasado por eso, sabremos como motivar a nuestros alumnos a afrontar bajones, pues forman parte de su crecimiento.


  3. Sentido del humor. La risa nos relaja, acalla el ego y cambia nuestra energía. A veces, en clase, estamos concentrados en conseguir hacer una postura que nos supone mucha fuerza mental y comenzamos a pelearnos con nosotros mismos con frases como «es imposible» o «no vales para nada». Si a eso le añadimos la (muchas veces inevitable) comparación con nuestros compañeros, nuestra autoestima puede verse mermada. En esos momentos, si el profesor nos deleita con un toque de humor, conseguirá rebajar nuestras expectativas y devolvernos al momento presente.


  4. Ser capaz de sentir la energía de los demás. En otras palabras, saber si tus alumnos están a tope hoy o solo quieren respirar y que les dejen en paz. Como profesor es importante que estés atento al momento que cada alumno está pasando. No es necesario que sepas leer las mentes ajenas, pero sí tratar de averiguar si se encuentran en problemas, puesto que el hecho de que un alumno encuentre una clase demasiado dura o que no se le haya prestado la debida atención puede hacer que no vuelva nunca más. A veces, simplemente con preguntar «¿qué tal el día?» ya puedes saber si mejor no ajustar a ese alumno hoy y darle algo de espacio o prestarle más atención de la habitual. Es imposible hacer felices a todos tus alumnos, pero poner un poco de atención en su práctica durante tu clase, puede marcar una gran diferencia. Muchas veces no cuesta nada corregir una postura con un sencillo gesto o dar unas mínimas palabras de aliento.


  5. Tener una voz agradable. Parece una tontería pero a veces ser un erudito del yoga o tener infinitos conocimientos acerca de anatomía o filosofía del yoga no te garantiza el éxito en tus clases si tienes una voz estridente incapaz de relajar a tu audiencia. No hace falta ser soprano ni haber cantado en el coro del colegio de pequeño, simplemente trata de hacer que tu voz sea transmitida con un tono agradable. Y, sobre todo, evita parecer un sargento o el monitor sudoroso del gimnasio. Recuerda que incluso en las clases más dinámicas, aunque los alumnos quieran sudar, el objetivo último es la meditación y tener una práctica agradable. La dicción en una clase de yoga es vital, por lo que trabajarla le hará a tus clases ganar en calidad.


  6. Ser auténtico. Hay muchos profesores de yoga que, con el fin de ganar más credibilidad, hacen creer a sus estudiantes que son más de lo que en realidad son. Aparentar ser un yogui/yoguini iluminado hará sentir a tus alumnos que son poca cosa o que no son los suficientemente buenos. Cuando en realidad cualquier momento es bueno para hacer yoga. Atréteve a ser tú mismo en tus clases, a mostrar sus defectos y debilidades, esto les dará a tus alumnos un subidón de confianza que se traducirá inmediatamente en credibilidad hacia tu persona y tus clases.


  7. Convertir tus clases en un aprendizaje accesible. La historia, la filosofía y la teoría del yoga pueden llegar a resultar muy pesadas para una persona que se acaba de iniciar en el  mundo del yoga. Algo tan simple como el nombre de una postura en sánscrito puede ser una pesadilla para muchos. También la práctica puede hacerse muy cuesta arriba para un principiante si no somos capaces de comunicarnos de forma sencilla. Hacer de nuestras clases un aprendizaje accesible para todos supone ampliar tu mercado y abrir las puertas del yoga a todo el mundo.


  8. Never ending story. Cuestiona tu enseñanza cada día de tu vida y sigue formándote, no solo como alumno y yogui, también como profesor. Por ejemplo, super eventos como este:

II CONGRESO DIGITAL PARA PROFESORES DE YOGA
del 20 al 24 de enero de 2020

En este Congreso 15 profesionales de la Enseñanza de yoga se convierten en tus mentores y te ofrecen sus recursos, experiencia y su pasión para ayudarte a lograr tu sueño: vivir de la enseñanza de yoga sin perder tu esencia

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Asiste a tantas clases como puedas como alumno y observa. Verás que ser buen profesor de yoga se reduce básicamente a estos 8 principios. Seguirlos requiere un esfuerzo pero los resultados se traducirán en una gran satisfacción personal.

¿Se te ocurre alguno más?

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