Cada maestrilla tiene su esterilla

Al hilo de unos cuantos posts de Rosa Sánchez (@irya_devi en Instagram) en las últimas semanas, he ido reflexionando sobre las críticas que los alumnos hacemos a nuestros profesores de yoga sobre su forma de enseñar o las que recibimos cuando nos toca estar en el otro lado de la esterilla.

Es curioso lo que duele en el ego cuando alguien tiene algo malo que decir sobre lo que hacemos. Creo que de entre los que te dan mal feedback y los que vienen una vez y no vuelven jamás, tenemos mucho que aprender. Para bien y para mal. Al principio me obsesionaba por si pensaban que mis clases eran demasiado rápidas, lentas, suaves, fuertes, fáciles o avanzadas. Sigo haciéndolo porque quiero que todo el mundo salga contento pero he comprendido que no puede llover a gusto de todos. Durante el tiempo que estuve en Londres, fui a tantas clases como pude, a cuantos más profesores y estilos distintos mejor. Y decidí apuntarme en un papel lo que me gustaba y lo que no de cada uno de ellos y de su forma de enseñar. Esto me sirvió para hacerme una idea del tipo de profesora que quería ser. Ahora, cada vez que tengo dudas sobre añadir o no una postura o elegir entre una secuencia u otra pienso en mi yo del pasado, cuando empecé a practicar yoga, y le pregunto qué es lo que le hubiera gustado encontrar en una clase. Y funciona. Es más probable que conectes más con aquellos alumnos que se asemejan a ti mismo cuando empezaste. Sabrás lo que necesitan y se lo podrás dar. Y si por el camino te encuentras a otros tantos a los que también haces feliz, mejor que mejor.

Acoge todas las críticas constructivas y selecciona las verdaderamente valiosas dentro de las destructivas (porque aunque las hagan con mala leche, algunas tienen también algo que enseñarnos). Pero en última instancia, recuerda: cada maestrilla tiene su esterilla*.

Y como alumna, pienso que es necesario hacer saber al profesor aquello que no nos gusta de su clase que no tiene que ver con su estilo. Por ejemplo, si tiene la música muy alta, si hay demasiada gente en clase, si las esterillas huelen mal, si empieza tarde, etc. Pero si crees que no debería meter invertidas en clase, o hay demasiados chaturangas, no creo que valga la pena comunicárselo. Así es como él/ella concibe la enseñanza del yoga.

¿Qué has hecho tú en estos casos? Cuéntame tu experiencia, me encantaría saberla 🙂

*También válido para hombres, pero en masculino no rima 🙂

Om Shanti Shanti Requeteshanti.
Julia

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